Octubre 2006 / Disco:El mundo cabe en una canción /Artista: Fito Paez

Canciones simples y logradas de un hombre decidido a
retratar su tiempo.
A la hora del revisionismo, este disco marcará el regreso de Páez a una
multinacional luego de una breve experiencia independiente (
Naturalezasangre, 2003), y luego de revisitar su obra junto a Gerardo
Gandini y una orquesta de cuerdas ( Moda y pueblo, 2005). Este disco
marca, también, el regreso de Fito al pop/rock, acaso su hábitat natural. Y lo
hace con un corte que suena a declaración de principios: "Lo importante no es
llegar, lo que importa es el camino…", canta en "Eso que llevas ahí".
De alguna manera, El mundo… es un disco simple, de canciones buenas y,
sobre todo, pegadizas. "La casa en las estrellas" y "Sargent Maravilla" son
clásicos exponentes de la veta más beatlesca del mondo Páez. Lo mismo ocurre con
la entrada grandilocuente del tema que abre y da nombre al disco.
Probablemente "Rollinga o Miranda girl", por su dicotomía inocentona, sea el
tema más polémico del disco. Pero, en su desarrollo, la letra entrega ciertas
claves para que ese mundo que cabe en una canción sea un mundo mejor: se
conjugan, allí, músicos como Thelonious Monk, filmes como Vértigo, y actrices
como Brigitte Bardot y Victoria Abril. Estas pistas que entrega Páez, que a lo
largo del disco también cita y reivindica un amplio abanico de artistas
(Invisible, La Máquina de Hacer Pájaros, Mercedes Sosa, Chico Buarque, Frank
Sinatra, Liliana Herrero, Los Shakers, el Cuchi Leguizamón, Vinicius de Moraes,
Boggieel aceitoso, etcétera), serán entendidas por algunos como guiños
pretenciosos, pedantes o innecesarios. Sin embargo, el mundo sería mucho más
hermoso si todos habláramos más de ellos y menos de los otros.
Entre muchas otras canciones destacables, "La hora del destino" sobresale
porque retoma una de las especialidades de Páez, el relato policial hecho
canción, que tan bien desarrolló en "Dos días en la vida" ( El amor después
del amor, 1992). El disco cierra con "Caminando por Rosario", una
preciosacanción de amor a su ciudad natal, con destino de jingle (¡atención
Secretaría de Turismo!). Por su calidez y sencillez recuerda a "Turdera", oda en
clave de bossa a esa barriada de la zona sur, compuesta por Diego Cebolla
Demarco, para Mi vida loca (1995), de Los Auténticos Decadentes.
Fuente: Rolling Stone
Septiembre
2006 / Escúchame entre el ruido (40 años de rock
argentino)

La
escalada revisionista avanza y cubre cada rincón de la
patria musical comouna insaciable comisión de homenajes
permanentes. Entre tanto rescate, lasola mención de la
palabra tributo enciende luces de alarma ante posibles operaciones de
mercado: sólo hace falta un repertorio conocido y un elenco
rutilante que casi nunca mejoran la versión original. Pero
eso no le interesa anadie, lo importante es seguir participando en el
torneo interminable de las versiones. Escúchame entre el
ruido, un trabajo dividido en dos volúmenes y que recopila
cuarenta años de rock argentino inaugura una nueva modalidad
en materia de homenajes. Al frente del proyecto patrocinado por la
Secretaría de Cultura de la Nación y a beneficio
del Hospital Garrahan, Lito Vitale emprende una misión
titánica: revisar la historia en veintisiete canciones. Ese
amigo del alma dirige la orquesta, toca en todos los temas y revela sus
gustos en cada elección de los intérpretes. El
pianista es amablemente arbitrario y tomaciertos riesgos a lo largo de
un recorrido con forma de guía para las nuevas generaciones
a través de la vigencia testimonial que todavía
conservan algunos himnos del género. Como cuando
acompañaba a sus invitados en la trasnoche de la
televisión abierta, Lito exhibe una increíble
agilidad para adaptarse a estilos y seleccionar cuál es la
voz adecuada para llevar adelante una canción ajena. Es la
visión de un músico criado en los 70 bajo la
impronta independientey sinfónica del grupo MIA, que
cruzó los límites del rock para convertirse en
uncompositor atento a la fusión del jazz y el folclore. Esas
marcas de identidad suenan en Escúchame entre el
ruido: la pomposidad de los arreglos, el virtuosismo de otra
época y cierta complicidad con algunos amigos y parientes
que puedan traducir mejor la mirada del hombre orquesta fijan las
líneas argumentales de un trabajo ambicioso.
Cada
volumen del homenaje a las cuatro décadas del rock argentino
arrastra estas dudas. Como toda obra recopilatoria, peca por
omisión pero es imposible negar la coherencia y laboriosidad
de Vitale haciendo realidad el sueño de reunir todas las
canciones que puedan explicar a una escena artística. El
compilador mezcló las fichas y salvo algunas ausencias
notorias (no participan Andrés Calamaro, Charly
García y Fito Páez), están todos los
que tienen que estar.Hilando muy fino es posible extrañar
algún tema de Melero, Attaque 77, Los Decadentes, Don
Cornelio y La Zona o los Cadillacs, pero tanto Vicenticocomo Palo
Pandolfo ponen sus voces para evocar a Miguel Abuelo ("Himno de mi
corazón") y a Federico Moura ("Pronta entrega"),
respectivamente. Cada disco incluye momentos notables y otros que
invitan a pasar por alto algunos tracks en ese juego intolerante de
buscar la canción perfecta. El Volumen I abre
con una versión orquestal de "La balsa" a cargo de Juanse,
crece en "Tres agujas", aquel clásico de Fito que Luis
Alberto Spinetta recrea con la admiración y respeto de un
fanático confeso de la obra del rosarino. Luego Gustavo
Cordera retoma el espíritu tanguero del tema que le da
título al homenaje, obra cumbre de Moris y en donde la voz
de Bersuit suena tan despojada y sincera que hasta podría
llegar a molestar a algún purista. La audición
mejora con otro rescate, Arbol carga la arenga de
"Sudamérica…", el grito bolivariano de Arco Iris
y su líder Gustavo Santaolalla. Los Piojos hacen lo propio
con Pappo y la inoxidable versión de "El Viejo". El resto
incluye interesantes apropiaciones de Fernando Ruiz Díaz
("Mañana en el Abasto"), Alejandro Lerner ("Qué
ves") Liliana Vitale ("A estos hombres tristes") y David
Lebón ("Avellaneda Blues"), y pasajes soporíferos
en las interpretaciones de Celeste Carballo ("La ciudad de la furia"),
Claudia Puyó ("Noche de perros") y Pedro Aznar ("Catalina
Bahía"). El final es una invitación a la
polémica: "Ji ji ji" en voz de Juan Carlos Baglietto cambia
el rumbo original y su nueva dimensión orquestal no
garantiza un buen destino para la canción megapogo de los
Redondos.
El
Volumen II, o disco rojo, incluye un plus extra. Aunque no figura como
un track destacado, la versión de "El salmón" que
canta el Indio Solari es la estampilla rara de la colección:
por primera vez, el señor de la ceja levantada sale del
ostracismo para participar en una reunión multisectorial. El
resultado está cargado de guiños a la
mística ricotera por sonido, arrogancia y hasta por un
retoque poético en la letra original de Andrés
Calamaro: el Indio coloca al fantasma Yabrán en donde antes
decía "cagar en el mar". En esa línea superadora
sobresale la versión electrónica de "Pensar en
nada" (León Gieco) por Adrián
Dárgelos, el traje jazzy de Gustavo Cerati para recrear esa
maravillallamada "Los libros de la buena memoria" (Spinetta) o el poder
emocional de León Gieco para adueñarse de "Un
pacto" (Bersuit). Los pioneros están bien representados por
sus pares: Litto Nebbia ("Violencia en el parque", de Aquelarre) y
Miguel Cantilo ("Génesis"), o el lirismo de Los Tipitos para
cargarse "Dime quién me lo robó" (Sui Generis).
La suma general del disco rojo no defraudará a nadie a pesar
de algunos caprichos como la reinterpretación de "Los
delirios del Mariscal" (Crucis), ocho minutos de Vitale fascinado en su
propio mundo, el mismo que sirvió para crear un mapa de
influencias a partir de 1966 cuando Moris al frente de Los Beatniks
cantaba "soy libre y quieren hacerme esclavo de una
tradición".
Septiembre
2006 / Escúchame entre el ruido (40 años de rock
argentino)
Fuente:
Rolling Stone - Oscar Jalil
Abril
2006 / Disco: Ahi Vamos / Artista: Gustavo Cerati

Septiembre
2006 / Escúchame entre el ruido (40 años de rock
argentino)
Gustavo Cerati, Un viaje de regreso a
la canción animal
Adelanto tema por tema de "Ahí vamos", su cuarto
álbum
solista, que llegará hoy a todas las disquerías
"Ahí vamos", el álbum que aterrizará
hoy en todas
las disquerías del país, abre con "Al fin
sucede", una
canción que, extrañamente, parece haber empezado
un rato
antes, como si los músicos hubieran largado tras un
imaginario
"un, dos, tres", y alguien se hubiese olvidado de apretar el botoncito
de rec a tiempo. Pero, es sabido, nada es casualidad en el universo
Cerati y, así las cosas, su esperado nuevo álbum
comienza
con una especie de corte sucio y desprolijo, con un riff punzante, una
batería pesada e incluso un grito primal que antecede a la
voz
del ex Soda Stereo en esta versión 2006.
Cruzado
el
umbral del álbum, entonces uno cae en la cuenta de que
sí, que es cierto, que "Ahí vamos" empieza antes
de su
primer tema, más precisamente en la portada del disco: la
silueta de Cerati blandiendo su instrumento, en blanco y negro, pero
con un haz de luz (¿celestial?) que emana del centro mismo
de la
guitarra.
En
el camino
recorrido entre la tapa/tributo a la guitarra y "Jugo de luna", el tema
que cierra el disco casi una hora después de su inicio, se
encuentra una obra que recupera al Cerati más rockero (ese
que
los seguidores de Soda Stereo asocian indefectiblemente con
"Canción animal" y "Dynamo", quizá los dos
mejores
trabajos del trío), con cierto instinto conceptual, apoyado
en
una banda de músicos impecables y en un trabajo obsesivo de
producción admirable.
El disco
Lista
de temas:
"Al
fin
sucede", "La excepción", "Uno entre 1000", "Caravana",
"Adiós", "Me quedo aquí", "Lago en el cielo",
"Dios nos
libre", "Otra piel", "Médium", "Bomba de tiempo", "Crimen",
"Jugo de luna".
Nota
extraída del diario "La Nación" Link: http://www.lanacion.com.ar/794386